Una pareja holandesa revive un pueblo de la España vaciada con energía solar y agua filtrada del río

por Mariana Carrascal

Un proyecto sostenible que atrae familias y devuelve actividad al mundo rural

Entrada a un recinto medieval con murallas y torre de iglesia en la provincia de Burgos
Burgos, España. Imagen por Manolo Blasco (Pixabay)

En plena crisis demográfica del mundo rural, una historia real vuelve a poner el foco en la España vaciada. Una pareja holandesa ha decidido cambiar su vida para siempre comprando un pueblo abandonado en la provincia de Burgos con un objetivo claro: devolverle la vida y convertirlo en una comunidad autosuficiente.

El municipio, ubicado en la comarca de La Bureba y a unos 40 kilómetros de la capital burgalesa, llevaba más de cuatro décadas sin habitantes ni servicios básicos. Sin embargo, lejos de ver ruinas, Maaike y su pareja vieron una oportunidad para crear un proyecto pionero en sostenibilidad y repoblación rural. 

De pueblo fantasma a ecoaldea autosuficiente

La historia comenzó en 2024, cuando la pareja decidió comprar las más de 60 viviendas y fincas del enclave, con la intención de transformarlo en una ecoaldea sostenible. Cuando llegaron, el pueblo carecía de electricidad, agua potable y actividad humana. Hoy, el proyecto ya está en marcha.

Maaike Geurts nos explica que uno de los primeros retos fue recuperar los servicios básicos. Para ello, instalaron una red eléctrica propia basada en energía solar, utilizando placas solares y baterías para abastecer a las primeras viviendas rehabilitadas. 

El siguiente paso fue el acceso al agua potable. Ante la ausencia de red municipal, diseñaron un sistema que se basa en: 

  • Captar el agua del río cercano 
  • Procesos de filtrado 
  • Diferentes tests para comprobar la salubridad del agua 
  • Apertura para el consumo humano

Aunque el proyecto se centra en el entorno rural, la pareja mantiene un modelo híbrido de vida. Durante la semana, se trasladan a otro núcleo cercano para facilitar la escolarización de sus hijos, mientras que los fines de semana y periodos largos los pasan en el pueblo, donde continúan las labores de reconstrucción.

En la actualidad, ya no están solos. Maaike Geurts afirma que la comunidad va creciendo, entre parejas holandesas, personas mayores, otras familias españolas y pronto un bebé por nacer, se han sumado a la iniciativa, lo que marca el inicio de una pequeña comunidad internacional interesada en nuevas formas de vida rural basadas en la sostenibilidad, la cooperación y el contacto con la naturaleza.

El futuro: bosque de alimentos, voluntariado y turismo rural

Más allá de reconstruir casas, el proyecto aspira a convertirse en un referente de innovación rural. Entre sus planes destaca la creación de un bosque de alimentos, un sistema agroforestal que combina árboles frutales, vegetales y biodiversidad para producir comida de forma regenerativa.

La pareja holandesa también prevé abrir un hostal rural para atraer visitantes y voluntarios interesados en aprender sobre vida sostenible. La idea es que el pueblo se convierta en un espacio abierto donde convivir, aprender y experimentar nuevos modelos de comunidad.

Además, sus impulsores no descartan incorporar elementos tradicionales que favorezcan la vida social, como la apertura de un bar, considerado clave para recuperar la identidad de los pueblos españoles.

Un modelo replicable para la España vaciada

La repoblación de estos lugares busca soluciones inmediatas, la de la familia holandesa es una de las más destacadas. Estas otras 7 soluciones barajan la posibilidad de buscar habitabilidad en la España profunda.

El caso de este pueblo burgalés refleja una tendencia creciente: el interés de ciudadanos extranjeros y jóvenes europeos por invertir en zonas rurales despobladas. La repoblación rural se ha convertido en uno de los grandes retos territoriales de España, especialmente en regiones del interior donde el éxodo hacia las ciudades dejó municipios prácticamente vacíos.

Para Geurts, el objetivo va más allá de rehabilitar un lugar concreto. Su ambición es demostrar que otro modelo es posible. “Queremos ser un ejemplo”, afirma, convencida de que este tipo de iniciativas pueden replicarse en otros puntos del país.

Mientras tanto, lo que hace pocos años era un pueblo fantasma comienza a recuperar vida gracias a iniciativas como la de Maaike Geurts, casas en reconstrucción, voluntarios internacionales y nuevas soluciones tecnológicas como Starlink. Este rincón de Burgos simboliza una nueva narrativa para la España rural: la de quienes deciden volver, empezar de cero y reinventar el futuro desde el territorio.

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