Pese a contar con inversores dispuestos a asumir rentabilidades bajas, los proyectos de impacto en La Rioja chocan con el bloqueo de más de dos millones de casas vacías

Parece una contradicción, pero es también una realidad actual de la España rural: hay dinero y personas dispuestas a invertir para frenar el fenómeno global de la despoblación en España, pero no hay casas disponibles para comprar. Mientras miles de viviendas permanecen cerradas y deteriorándose, las familias que quieren mudarse al campo no encuentran un techo donde vivir.
El emprendedor Antxon Aizpuru trabaja junto a inversores de impacto –personas que aceptan ganar algo menos de dinero a cambio de generar un beneficio para la sociedad–. Su objetivo es claro: comprar casas en pueblos, arreglarlas y alquilarlas por precios asequibles (entre 400 y 500 euros al mes) a familias. De esta forma, ayudan a que los municipios no pierdan servicios básicos como el colegio o el médico.
Pensaban que lo más difícil sería encontrar a los inversores. Sin embargo, la sorpresa ha sido enorme: actualmente tienen a dos inversores con el dinero preparado, pero no consiguen comprar ninguna vivienda.
En una entrevista exclusiva para Trama, Antxon nos cuenta la actual situación con detalle.
El problema: precios inflados y casas fuera de mercado
La razón principal de esta situación es que las pocas casas anunciadas en internet tienen precios totalmente fuera del valor real del mercado rural, afectadas por la subida de los precios en las ciudades cercanas. “Hace unos años compramos una casa en un pueblo por 20.000 euros. Hoy, por viviendas en peor estado en la misma zona, te piden 50.000 euros. Calculando el IPC, no debería ser más de 25.000 euros”, explica Antxon Aizpuru.

Los obstáculos invisibles: herencias y falta de hipotecas
Aunque, según datos oficiales, se calcula que en España hay más de dos millones de casas vacías en el entorno rural, la gran mayoría no está a la venta. Esto choca frontalmente con los bulos sobre la vivienda gratis en el medio rural, ya que encontrar una vivienda a precio justo hoy en día es complicado.
Muchas de esas casas vacías no están a la venta por varios inconvenientes:
- Líos de papeles y herencias: Muchas casas antiguas pertenecen a familias con decenas de herederos que no se ponen de acuerdo o no están bien registradas.
- Sin hipotecas para casas baratas: Los bancos no conceden hipotecas por cantidades pequeñas (como 30.000 o 40.000 euros). Esto obliga a pedir préstamos personales con intereses muy altos que encarecen la compra y la reforma.
- Miedo a comprar sin probar: Muchas personas de ciudad quieren probar a vivir en un pueblo, pero no se atreven a comprar directamente por miedo a no adaptarse y luego no poder vender la casa.
La situación contraria: gente que sí quiere irse a vivir al pueblo
La experiencia de Aizpuru demuestra que sí hay gente que quiere irse a vivir a un pueblo. Cada vez que publican una casa en alquiler por 400 o 500 euros al mes, reciben decenas de solicitudes en menos de 24 horas y tienen que retirar el anuncio. “Está demostrado que la gente quiere vivir en los pueblos si le das una vivienda asequible. En un pueblo se vive bien; van a vivir mejor, tanto económicamente como en cuanto se asientan y ven cómo se vive”, asegura Aizpuru.

Pueblos al límite: salvar el colegio rural
El proyecto se centra por ahora en La Rioja, buscando municipios de entre 500 y 3.000 habitantes que estén a unos 20 o 30 minutos de una ciudad o pueblo grande. Son municipios que tienen médico y colegio, pero están “en el límite”.
En muchos de estos municipios, la llegada de una sola familia con dos o tres niños evita el cierre definitivo de las aulas, manteniendo vivo el valor indispensable de las escuelas rurales y colegios unitarios para fijar población.
Llamamiento a los propietarios de casas vacías
Antxon Aizpuru y su equipo no buscan el beneficio económico rápido, sino el impacto social: trabajan con rentabilidades moderadas (de entre el 4% y el 6%) y se encargan de toda la gestión, reformas y alquileres.
Por eso, lanzan un mensaje directo a los vecinos y familias que conservan viviendas cerradas en los pueblos: vender a un precio justo y razonable no es solo una transacción, es una forma de devolverle la vida a su municipio. Permite que una familia se instale, que los comercios mantengan la actividad y que los colegios rurales no apaguen sus luces.
