muchos libros abiertos que ocupan toda la fotografía

20 palabras en peligro de extinción que solo se entienden en los pueblos

por Idaira Quirant

Un recorrido por el vocabulario del pastoreo, la labranza y los oficios artesanos que la despoblación está borrando del habla cotidiana

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Libros abiertos alineados / Imagen de Kerttu en Pixabay

Cada vez que muere una persona mayor en un pueblo, no solo se pierde una vida; se pierde también una forma de hablar. Palabras que nombraban un apero, un gesto en el campo o una tarea del pastoreo y que, al desaparecer esos oficios, se han ido quedando sin nadie que las pronuncie. Los lingüistas llaman a este fenómeno «palabras moribundas» , que son vocablos que ya no tienen referente en el mundo actual y que sobreviven, si acaso, en la memoria de quienes crecieron en el pueblo. Y aunque muchos de esos oficios se hayan perdido del todo, no todos. En Trama ya hemos contado cómo hay oficios de siempre y trabajos nuevos que están devolviendo vida a los pueblos. A menudo las palabras ni siquiera se pierden de golpe, sino que se van apagando poco a poco, y solo son usadas por los mayores. Hasta que un día ya no las dice nadie porque ya no queda nadie que las entienda.

En TRAMA hemos reunido veinte de esas palabras, agrupadas por el mundo al que pertenecen.

Pastoreo y la ganadería

El mundo del pastor y el ganadero es uno de los que más vocabulario propio ha generado a lo largo de los siglos, y también uno de los que más rápido lo está perdiendo.

  • Mallata: refugio o corral de pastores en zonas de montaña, donde se guardaba el ganado durante la trashumancia.
  • Trashumancia: migración estacional del ganado entre pastos de verano en la montaña y pastos de invierno en zonas más bajas y cálidas, siguiendo rutas tradicionales conocidas como cañadas.
  • Calostros: la primera leche que da una oveja o una cabra después de parir.
  • Cagalita: excremento de oveja o cabra, palabra tan concreta como el mundo que describe.
  • Campano: cencerro de gran tamaño que se colgaba al cuello del animal guía del rebaño.

Campo y labranza

Con la mecanización del campo desaparecieron también las palabras que nombraban las herramientas y los ritos ligados a la siembra y la cosecha.

  • Almáciga: zona del huerto donde se siembran las semillas para que germinen antes de trasplantarlas. Da nombre también a un libro de la escritora y veterinaria María Sánchez sobre el vocabulario del mundo rural.
  • Calvero: terreno improductivo, de poca sustancia para el cultivo.
  • Cambicio: palo o timón que conecta el trillo con la canga, el yugo que tiraba del arado.
  • Calabozo: no la celda, sino una especie de hoz de mango largo para limpiar fincas de zarzas y maleza.
  • Aguijada: vara larga con punta de hierro que usaban los labradores para arrear a los bueyes durante el arado.

Oficios que ya casi nadie ejerce

Detrás de cada palabra de esta lista hay un oficio que dio de comer a generaciones enteras y que hoy apenas sobrevive, cuando lo hace, como curiosidad artesanal.

  • Ollero: el que moldeaba el barro para hacer ollas y pucheros de cocina.
  • Perifollero: elaboraba colchones con una parte de la raíz del azafrán que imitaba las propiedades de la lana.
  • Soguero: fabricaba y vendía sogas y cuerdas.
  • Alarife: maestro de obras que proyectaba y dirigía construcciones civiles y religiosas antes de que existiera el título de arquitecto.
  • Farolero: encendía y apagaba cada noche las farolas de gas o aceite de las calles.

Pero no todos estos oficios manuales han desaparecido del todo. En Quintanilla del Agua (Burgos), Félix Yáñez sigue trabajando la piedra con sus propias manos, levantando lo que él mismo presenta como la escultura más grande construida por una sola persona.

La vida cotidiana en el pueblo

Y luego está el vocabulario más pequeño. El de las conversaciones de todos los días, que se apaga en silencio simplemente porque ya no lo transmite nadie.

  • Chandrío: desastre, lío o estropicio, muy usado en el Aragón rural.
  • Esbarizar: resbalar, también del habla aragonesa.
  • Calabobos: lluvia menuda, persistente, de las que no parecen mojar pero calan.
  • Camándula: persona comodona, que rehúye el esfuerzo.
  • Embarnecer: hacerse más grueso o robusto; se usaba, por ejemplo, para describir a un niño que empezaba a dejar de serlo.

Por qué merece la pena rescatarlas

Estas palabras no mueren de golpe. Mueren porque desaparecen las cosas que nombran. No hay nada dramático en ello, es lo natural del lenguaje. Pero cuando lo que desaparece es un mundo entero (el rural, el de los pueblos que se vacían), la pérdida del vocabulario es también un síntoma de algo más grande.

Por eso desde hace años surgen iniciativas para frenar, aunque sea un poco, ese silencio: el Observatorio de Despoblación de Aragón publica pequeños diccionarios rurales o un veterinario zaragozano, Luis Miguel Ferrer Mayayo, que recopiló el vocabulario que aprendió de niño en un libro pensado para tender puentes entre pastores mayores y veterinarios jóvenes. Otras veces la resistencia toma forma de negocio, como pasa en Urueña, el pueblo que tiene más librerías que bares, y la lectura se ha convertido en su forma de no desaparecer.

En los pueblos que se vacían, esta pérdida de vocabulario no es un fenómeno aparte de la despoblación, es una de sus consecuencias más silenciosas. Cuando un pueblo pierde a su última generación de mayores, no solo pierde habitantes, también pierde a los únicos que todavía sabían nombrar bien ese mundo. Nombrar estas palabras, aunque ya casi nadie las use, es una manera de decir que ese mundo existió y que todavía importa.

¿Conoces alguna palabra de tu pueblo que esté a punto de desaparecer? Escríbenos y la sumamos a este diccionario vivo.

Fuentes

Las definiciones de este glosario proceden del Diccionario de la Real Academia Española (RAE), del Observatorio de Despoblación de Aragón, de Almáciga de María Sánchez, del Diccionario rural. Un mundo, una salud de Luis Miguel Ferrer Mayayo, y de recopilaciones de vocabulario y oficios tradicionales del ámbito rural.

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