Desde el tamaño hasta las fiestas y pasando por los nombres. La España Vacía siempre guarda algún secreto
La despoblación ha dejado en la España rural una serie de municipios que hoy destacan por diferentes motivos, como se puedo leer con el yacimiento paleontológico único en Europa. En Trama, repasamos cuatro de estos llamativos casos.

El pueblo más pequeño de España, por tamaño
Llocnou de la Corona (Valencia) mide apenas 0,012 km². Poco más que un campo de fútbol. Sus 124 vecinos censados solo cuentan con una farmacia y una iglesia dentro del municipio. Hasta 2022 este récord lo tenía otro pueblo valenciano, Emperador, hasta que una nueva medición cartográfica le arrebató el título.

El pueblo con el récord Guinness
Huerta de Rey (Burgos) no es el más pequeño ni el menos poblado, pero sí el que tiene el récord más singular: desde 2011 figura en el Libro Guinness por la cantidad de nombres extravagantes entre los vecinos del pueblo. En este pueblo conviven personas llamadas Burgundófora, Evilasio, Filadelfo, Hierónides, Onesíforo o Clodoveo. Entre otros muchos.
Sobre 1930, en el pueblo solo existían cuatro apellidos, así que el cartero se volvía loco repartiendo el correo entre tantos vecinos con nombres repetidos. La solución fue bautizar a los recién nacidos con el santo del día, por raro que sonara. Cuenta la leyenda local que un padre, al ir a inscribir a su hijo, le dijo al funcionario del registro «pónle lo que quiera» y volvió a casa sin acordarse de qué nombre le habían puesto (Onesíforo finalmente).
El pueblo llegó a acoger un ‘Encuentro Internacional de Nombres Raros’ en 2008, y hace unos años hasta protagonizó un anuncio de una conocida marca de bebidas jugando con la idea de «cambiarte el nombre».

La fiesta más rara
Una de las tradiciones más singulares de la España vaciada se encuentra en Castrillo de Murcia (Burgos), un pueblo de apenas 150 habitantes perteneciente al municipio de Sasamón. Desde el siglo XVII celebra la fiesta de El Colacho, en la que un hombre disfrazado de diablo, con traje amarillo y rojo y una máscara aterradora, recorre las calles al ritmo de tambores y salta por encima de los bebés nacidos ese año, colocados sobre colchones en mitad de la vía pública.
La tradición, que combina catolicismo y ritos paganos, sostiene que el salto purifica a los niños y los libra del mal. En 2014 el Colacho llegó a saltar sobre casi un centenar de bebés repartidos en decenas de colchones por todo el pueblo, una imagen que cada año atrae curiosos de medio mundo y ha convertido a Castrillo de Murcia en protagonista de reportajes internacionales.
No es un caso aislado: las fiestas patronales siguen siendo el gran termómetro del estado del mundo rural, el momento en que estos pueblos recuperan, aunque sea por unos días, la vida que perdieron.

El nombre más largo
Gargantilla del Lozoya y Pinilla de Buitrago (Madrid) ostenta un récord que cabe mal en cualquier cartel de carretera: sus 38 letras lo convierten en el municipio con el nombre más largo de España. La razón no es un capricho lingüístico, sino un junte administrativo. Dos localidades vecinas decidieron unirse en el siglo XIX para ganar peso como comunidad, aunque durante décadas el nombre compuesto convivió con versiones más cortas, hasta que en 2001 quedó fijado tal y como lo conocemos hoy. El resultado es un pueblo de menos de 400 vecinos que reparte su identidad entre dos apellidos, dos historias y un único ayuntamiento, en la Sierra Norte madrileña.

Motivos ‘insólitos’ para destacar no faltan en la España vaciada: hasta un restaurante con Estrella Michelin puede convertirse en la mejor arma contra la despoblación.

