Un equipo de la Universidad Complutense de Madrid atribuye el hallazgo en el municipio de Algora a la subfamilia Majungasaurinae y demuestra que el gran carnívoro también vivió en Europa

Hace unos 95 millones de años, lo que hoy es Algora era un canal arenoso con influencia de las mareas, en el borde de una península ibérica partida entre dos océanos. Hoy, Algora es un municipio de la provincia de Guadalajara con 89 habitantes, según el INE en 2025, que esconde 40 dientes de un dinosaurio inédito en Europa.
Un equipo de investigación liderado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), con participación de la UNED y la Universidad de Lisboa, ha atribuido 40 dientes de dinosaurio hallados en el yacimiento de Algora a la subfamilia Majungasaurinae, un grupo de grandes carnívoros que se creía propio de Gondwana (el supercontinente del sur) y que habitó la Tierra hace entre 100 y 93 millones de años, durante el Cenomaniense del Cretácico Superior.
El estudio se ha publicado en la revista Scientific Reports y representa la mayor concentración de macrorrestos de vertebrados de ese periodo en el suroeste de Europa, una franja temporal de la que hasta ahora se tenía muy poca información en comparación con otras épocas del Cretácico.
Un pueblo de dos habitantes por kilómetro cuadrado
Algora tiene 46,95 kilómetros cuadrados de término municipal y 89 vecinos empadronados, menos de dos habitantes por kilómetro cuadrado. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico considera que un municipio está en riesgo de despoblación por debajo de los 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado, y en riesgo severo por debajo de 8. Algora está a una cuarta parte de ese último umbral. Es, en términos estrictos, un desierto demográfico. Y debajo de ese desierto hay uno de los yacimientos de dinosaurios más importantes del continente.
No es la primera vez que Algora da que hablar. El yacimiento se dio a conocer a la comunidad científica en 2012, en la revista Cretaceous Research, y desde entonces ha ido entregando piezas de primer nivel: restos de peces, tortugas, cocodrilomorfos, dinosaurios y hasta un reptil marino. Los descubrimientos en Algora se depositan en el Museo de Paleontología de Castilla-La Mancha (MUPA), en Cuenca, junto al de otros yacimientos regionales.
Lo que dicen los dientes
Los dientes de Algora se habían asignado inicialmente a otros grupos, entre ellos los Carcharodontosauridae, los llamados «lagartos con dientes de tiburón». El nuevo análisis los sitúa en la familia Abelisauridae y, dentro de ella, en la subfamilia Majungasaurinae: depredadores de cráneo robusto y brazos extremadamente reducidos que dominaron los ecosistemas de Madagascar, la India y Sudamérica.

Los fósiles analizados proceden de varias campañas de campo desarrolladas entre 2013 y 2025, financiadas por sucesivas convocatorias de subvenciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha para proyectos de investigación del patrimonio arqueológico y paleontológico.
La paleontología no para en la España vaciada
Los grandes hallazgos paleontológicos españoles de los últimos meses se están produciendo, casi sin excepción, en municipios pequeños del interior peninsular, en las mismas comarcas que llevan décadas perdiendo población.
En la Sierra de la Demanda (Burgos), un equipo internacional describió el pasado febrero Foskeia pelendonum, el ornitópodo más pequeño conocido del mundo: menos de 30 centímetros de altura. Riodeva (Teruel), la Fundación Dinópolis ha recuperado en un antiguo campo de cultivo el cráneo de estegosaurio más completo hallado nunca en Europa, un Dacentrurus armatus de hace 150 millones de años; y en Cabra de Mora excava el que sería el Iguanodon más antiguo del planeta. En Igea (La Rioja) se ha desarrollado esta misma semana una campaña para desenterrar un ornitópodo de diez metros y diez toneladas que podría ser una especie nueva. Y en Fuentes (Cuenca), el yacimiento de Lo Hueco (descubierto en 2007 por las obras del AVE) ya ha entregado más de 12.000 restos fósiles y dos especies inéditas.
Cuando los dinosaurios sostienen un pueblo
El caso paradigmático es Teruel. Dinópolis abrió en 2001 y hoy es un «territorio» con sede central en la capital y varias sedes repartidas por la provincia. Ha superado los cuatro millones de visitantes gracias al turismo. En La Rioja, Enciso convirtió sus más de un centenar de yacimientos de icnitas en la Senda de los Dinosaurios y en el parque temático de El Barranco Perdido. En Burgos, un museo municipal en un pueblo de la Demanda recibe visitas de investigadores de Estados Unidos, Reino Unido o Argentina.
El fósil se queda, la gente se va
Un pueblo de menos de cien vecinos, con dos habitantes por kilómetro cuadrado, en una provincia que forma parte del desierto demográfico más grande del sur de Europa, guarda bajo sus campos la mayor concentración de macrorrestos de vertebrados del Cenomaniense del suroeste del continente. Sus fósiles ocupan las vitrinas de los museos.
Hace 95 millones de años, Algora estaba llena de vida. La pregunta que deja este hallazgo es: ¿este patrimonio que sale del subsuelo de la España vaciada puede servir para que la superficie vuelva a llenarse de vida?

