La singular localidad que dibuja el mapa más complejo de España, donde el Miño, el Sil y el Búbal trazan los límites del pueblo

En el interior de Galicia existe un rincón donde cruzar la calle significa cambiar de provincia, de municipio y hasta de comarca. Se trata de Os Peares, un pequeño pueblo situado entre cañones y agua donde sus entre 200 y 500 vecinos viven divididos sobre el plano por cuatro ayuntamientos, dos provincias y la confluencia de tres ríos. Sin embargo, más allá de la situación confusa que la propia Xunta de Galicia califica como “el pueblo más complejo de España”, la comunidad demuestra cada día que la identidad de un pueblo no entiende de fronteras burocráticas.
Os Peares
La arquitectura geográfica de Os Peares está esculpida por la naturaleza, donde las aguas de los ríos Sil y Búbal desembocan en las aguas del río Miño, uniéndose los tres en el mismo punto y dibujando así los límites territoriales de la localidad.
En el margen oeste del Miño se sitúan los municipios de Carballedo (Lugo) y A Peroxa (Ourense), separados a su vez por el río Búbal. En la orilla este, divididos por el Sil, se encuentran Pantón (Lugo) y Nogueira de Ramuín (Ourense). Esta distribución fragmenta la población en dos provincias, cuatro ayuntamientos, tres comarcas, tres partidos judiciales y dos diócesis, a pesar de que en la práctica todos sus habitantes comparten la misma parroquia de Nosa Señora do Pilar.
Las curiosidades del día a día
Esta situación singular ha dejado a lo largo de las décadas anécdotas insólitas en la vida cotidiana de sus vecinos. Históricamente, a los residentes empadronados en la zona lucense se les asignaba la asistencia sanitaria en Lugo capital, a casi 100 kilómetros de distancia, ignorando la proximidad del hospital de Ourense, situado a tan solo 18 kilómetros: un claro reflejo de la realidad de los servicios públicos en la España rural.
La solidaridad vecinal resolvió más de un apuro: entre las historias más recordadas se encuentra la de una mujer embarazada que, al ponerse de parto, acudió a refugiarse al salón de una vecina de enfrente simplemente porque esa vivienda pertenecía a la jurisdicción orensana. De la misma manera, en el pueblo era habitual ver salir autobuses escolares casi vacíos a la misma hora desde la misma calle, pero con destinos diferentes, o enfrentarse a complejos trámites para encontrar testigos de la misma demarcación municipal al formalizar un testamento.
El Consorcio de 1999: orden en el caos
Tras años de movilizaciones para constituirse como municipio independiente y superar las habituales trabas administrativas en el medio rural, los vecinos impulsaron una respuesta institucional pionera. En mayo de 1999 se aprobó la creación del Consorcio Local de Os Peares, un acuerdo sin precedentes que reunió a la Xunta de Galicia, las Diputaciones de Lugo y Ourense y los cuatro ayuntamientos implicados.
Sin embargo, esta entidad no logró solucionar el caos administrativo que no se ve. Servicios esenciales como el alumbrado público, el abastecimiento de agua o la recogida de basuras siguen siendo competencia individual de cada uno de los cuatro municipios, manteniendo la fragmentación del lugar. Esta falta de unificación afecta de forma directa a aspectos críticos como la asistencia sanitaria de urgencia, que se gestiona de manera distinta según el lado del río en el que se encuentre el vecino.
Entre puentes, viñedos e historia
Más allá de su mapa único, Os Peares se posiciona como uno de los destinos imprescindibles del interior rural, siendo la puerta de entrada natural a la Ribeira Sacra y un enclave con un valioso patrimonio industrial y natural. La fisonomía del pueblo está marcada por sus cuatro puentes representativos. Entre ellos resalta el emblemático viaducto ferroviario de hierro azul, construido a finales del siglo XIX (1884) con la estética de la escuela de Gustave Eiffel gracias al esfuerzo de miles de carrileiros que perforaron la roca.
Favorecido por un microclima cálido que permite el crecimiento de madroños y alcornoques, el entorno destaca por la viticultura heroica en vertiginosos bancales. A este paisaje se suma la histórica tradición pesquera de la anguila y una ruta de arte urbano cuyos murales decoran hoy las paredes del pueblo haciendo homenaje al ferrocarril, a las mujeres de la ribera y a la memoria local.
La identidad por encima del mapa
En Os Peares, los mapas oficiales chocan de frente con la realidad de unos vecinos que jamás se han sentido divididos. Aunque en periodo electoral cada uno vote para elegir a un alcalde distinto de entre cuatro municipios, en sus calles prevalece un sentido de pertenencia único.
La historia de esta localidad demuestra que, por muchas líneas invisibles que trace la burocracia, la unión de una comunidad es capaz de superar cualquier frontera.
