La gran brecha digital: por qué la baja rentabilidad deja a miles de pueblos sin la herramienta esencial para el teletrabajo

por Idaira Quirant

Expertos advierten que la brecha digital impide el teletrabajo y acelera la despoblación. Priorizando la rentabilidad económica sobre los derechos básicos de la España Vaciada.

(Diseñado por Freepik)

En la última década, la fibra óptica de alta velocidad se ha consolidado como una infraestructura fundamental para la supervivencia económica de la España Vaciada. Para los miles de profesionales, emprendedores y familias que buscan dejar el estrés urbano, una conexión estable y potente es el requisito indispensable que puede marcar su decisión de mudarse a un entorno rural o no. La banda ancha ya no es un servicio complementario, sino la única herramienta capaz de anular la “desventaja” geográfica, permitiendo el teletrabajo y la repoblación. Sin embargo, el despliegue de esta tecnología a lo largo del territorio está creando una brecha digital. Convirtiéndose en uno de los mayores frenos para el desarrollo local.

El principal obstáculo para la instalación de la fibra óptica en los pequeños municipios es la baja rentabilidad económica. Las grandes operadoras de telecomunicaciones basan sus inversiones en la densidad de población, y la realidad rural choca con esta lógica. Extender kilómetros de cableado a través de largos terrenos y poco poblados, implica un coste por habitante mucho mayor que el de una gran ciudad. El resultado es una desigualdad territorial marcada. Mientras que en las grandes capitales el acceso a la fibra es casi total, en los núcleos rurales de menor densidad la cobertura puede ser intermitente, lenta o directamente inexistente.

Cuando la banda ancha estable finalmente llega a un núcleo rural gracias a planes de inversión o subvenciones públicas, a menudo encuentra que las familias jóvenes y los teletrabajadores que la habrían utilizado como motor de empleo ya han tenido que marcharse a la ciudad. Necesitaban la conexión para trabajar y estudiar hace años; cuando la obtienen hoy, solo queda la población más envejecida. De esta forma se convierte en una herramienta que llega solo para mantener a los pocos habitantes que quedan. El resto ya se ha ido.

“Vivimos en una economía terciaria, donde la mayoría de los puestos de trabajo son de titulados, son especializados, y todo ese mercado laboral se concentra en las ciudades. En un pueblo vas a tener difícil poder desarrollar la vida para la que te has preparado”,  comentó  Sergio del Molino, periodista y autor del exitoso libro “La España vacía» (2016) en una entrevista realizada para Trama.

La falta de banda ancha tiene un efecto dominó que afecta a servicios como la salud y la educación. Es prácticamente imposible gestionar un negocio online, desde una tienda de productos locales hasta una plataforma de turismo rural, con una conexión inestable. Esto limita el crecimiento económico del sector más innovador en el medio rural. Los jóvenes que intentan estudiar o trabajar a distancia se ven obligados a migrar. Incluso cuando preferirían quedarse en su pueblo, simplemente por la incapacidad de conectarse al mundo. “La falta de oportunidades laborales es lo que más inhibe a la gente joven. Eso se podría solventar con otras inversiones. Se podría solventar fomentando el teletrabajo, fomentando otras opciones, diversificando un poco la economía y fomentando trabajos que no requieren la presencialidad en una empresa, en una oficina. Si cambiáramos nuestra forma de entender el trabajo, muchos pueblos se verían beneficiados”, afirmó Sergio del Molino.

Para revertir esta brecha, es fundamental que la banda ancha sea vista y tratada como un servicio público esencial y no solo como un negocio. Solo cuando la fibra óptica deje de ser una excepción y se convierta en la norma en cada rincón de la geografía, podremos hablar de una verdadera igualdad de oportunidades para asentar población, y devolver la vitalidad a la España Vaciada.

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