200 vecinos, ocho librerías y 100.000 visitantes al año: así vive hoy Tamara Crespo, fundadora de aquel periódico de cuatro páginas

En Urueña (Valladolid) hacen falta más de una mano para contar sus librerías. Con aproximadamente 200 habitantes censados, este pueblo de Tierra de Campos reúne ocho librerías, cuatro museos y cinco bares-restaurantes. Una proporción que ningún otro municipio español puede presumir de tener. En el año 2024, según los datos que una aplicación de Telefónica facilitó al ayuntamiento, se calculó que Urueña recibió casi 100.000 visitas turísticas, una cifra récord para un pueblo que cabría varias veces dentro de un único barrio de cualquier ciudad.
Detrás de una de esas ocho librerías está Tamara Crespo, periodista de formación, que abrió la librería Primera Página en agosto de 2015, junto a quien le sigue acompañando actualmente, el fotoperiodista Fidel Paso. Once años después, su historia es también la historia de cómo un pueblo pequeño decidió apostar por el libro para no desaparecer del mapa. Y esa historia, según cuenta la misma Tamara en una entrevista exclusiva para Trama, empezó antes con un periódico que con una librería. Años antes de que se anunciara la Villa del Libro (2004) y de que se construyeran los primeros locales (2007), Urueña ya tenía su propio medio de comunicación local, nacido en 2001, recuerda la periodista.
Diez locales, ninguna fórmula fija
El proyecto que hoy define a Urueña se anunció en 2004, durante una feria de turismo, y se materializó en 2007, cuando la Diputación de Valladolid, en colaboración con el ayuntamiento, construyó diez locales para alquilar a libreros, además de un centro dedicado a la historia del libro.
Es decir: El Cisco, el periódico que Tamara Crespo, Fidel Raso y el diseñador gráfico Juan Antonio Moreno sacaban adelante —con el etnógrafo Joaquín Díaz, fundador de la institución cultural que lleva su nombre en el pueblo, como presidente de honor, según contaba la propia Crespo en una entrevista de 2017—, llevaba ya tres años circulando cuando se anunció la Villa del Libro, y seis cuando se construyeron los primeros locales. El modelo del proyecto no era una invención local: sigue el camino que abrió Hay-on-Wye, un pueblo galés donde, en los años 60, un librero animó a otros negocios a instalarse alrededor del libro hasta sumar 24 librerías.
En Urueña, el despegue no fue inmediato. Según cuenta Tamara, de los primeros libreros que ocuparon los diez locales en 2007 no queda ninguno hoy. La demanda inicial no fue suficiente y, desde entonces, algunas de aquellas librerías han cerrado y otras han tomado el relevo, hasta llegar a las ocho que hoy siguen abiertas en el año 2026.
- 2001: Tamara Crespo, Fidel Raso y el diseñador Juan Antonio Moreno crean El Cisco de Urueña, el periódico local
- 2004: se anuncia en una feria de turismo que Urueña será Villa del Libro
- 2007: se construyen 10 locales para librerías en Urueña
- 2015: Tamara Crespo y Fidel Raso abren Primera Página
- 2024: casi 100.000 visitas turísticas registradas
- En pleno 2026: 8 librerías, 4 museos, 5 bares-restaurantes activos en el pueblo

¿Hay competencia en el pueblo?
Entre los propios libreros no existe ni ha existido nunca una asociación que coordine el negocio. Para Tamara, eso no es un problema: «A mí la competencia me parece algo sano y maravilloso. Cuanta más oferta haya, mejor para todos, no solo en venta de libros, sino en actividades culturales, que es lo que creo que tienen que ser las librerías hoy en día». Un papel que cobra más sentido si se tiene en cuenta que, según la Ley de Bases del Régimen Local, solo los municipios de más de 5.000 habitantes están obligados a tener biblioteca pública. En pueblos como Urueña, con 200 vecinos, son negocios como Primera Página los que terminan sosteniendo ese acceso a la lectura.
Esa apuesta por la actividad cultural —presentaciones, encuentros, iniciativas propias— convive con el cansancio de sostenerlas sin red de apoyo entre negocios. «A veces el remar un poco a contracorriente, o sentirte sola en eso, te pasa factura, porque todos tenemos límites», reconoce la periodista.
El papel del turismo
La clientela de estas librerías no es, en su mayoría, del pueblo ni de la provincia. Crespo distingue entre el turista que llega a pasar el día en familia, atraído por el patrimonio y el paisaje, y no necesariamente por los libros. Y por otro lado, el que visita el pueblo específicamente por las librerías; un público que Tamara prefiere encontrar entre semana y en temporada baja, cuando hay más calma para hablar con la gente.
Ese contraste explica en parte la cifra de casi 100.000 visitantes anuales que maneja el ayuntamiento; una cifra que no sorprende tanto si se tiene en cuenta que el turismo lleva tiempo mirando hacia la España vaciada como destino en auge. Y es que no todos entran en una librería, pero todos pasan por un pueblo que vive, en gran medida, de ese flujo. La afluencia se dispara a partir de abril, con la Semana Santa, u otras fechas como el 23 de abril o finales de julio y principios de agosto. La afluencia de gente se mantiene alta también por la cercanía de Urueña con una de las autovías más transitadas de España. «No hay un día que me aburra sin ver a nadie, es rarísimo», resume Crespo.
El Cisco: el periódico de cuatro páginas
Antes de que Urueña tuviera librerías, tuvo periódico propio. El Cisco de Urueña eran cuatro páginas hechas de forma altruista, sin publicidad y en el tiempo libre de sus creadores. El ayuntamiento de entonces costeaba las fotocopias y el periódico se repartía buzoneado entre los 200 vecinos del pueblo. La periodista lo tiene claro, y así lo cuenta ella misma: «Fue el pueblo más pequeño de España con periódico propio», un título que comparte terreno con otros récords insólitos que baten los pueblos de la España vaciada.
Tras un paréntesis, en la década entre 2004 y 2014, el periódico volvió a petición popular en 2014. Con una segunda etapa en la que los propios niños del pueblo se animaron a hacer entrevistas y en la que El Cisco dio el salto a las redes sociales y a una página web, permitiendo que los vecinos que ya no vivían en Urueña siguieran al día. Duró dos años más y no se ha vuelto a publicar. «Estuvo bien y murió con las botas puestas. Es muy complicado, demasiado cercano», contesta Tamara ante la pregunta sobre la posibilidad de retomarlo.
Un pueblo sin bares para juntarse
Con solo cinco bares-restaurantes para 200 vecinos, la vida social de Urueña no gira en torno a la barra, sino en torno al centro social. Siendo este el único espacio de encuentro del pueblo. Aunque ha pasado temporadas cerrado. Preguntada por cómo resumiría Urueña a alguien que nunca ha estado, la periodista elige una sola palabra: «Singular. Por su ubicación, por el patrimonio histórico, por el paisaje. Se reúne una serie de cosas que la convierten en un pueblo distinto, muy atractivo y muy bonito».
