Una plaga, un pantano y una ruta olvidada los despoblaron. Lo que vino después fue la leyenda
Nadie vive en Ochate (Burgos), La Mussara (Tarragona), Jafra (Barcelona) ni La Muedra (Soria). Los vecinos se fueron hace décadas, en algún caso hace más de un siglo, y desde entonces no han dejado de circular historias de todo tipo: luces entre los bosques, campanas bajo el agua, una niña que cruza la plaza o epidemias que solo habrían golpeado a un pueblo. Son relatos que se han ido colando en rutas de misterio y guías de escapadas.
En TRAMA buscamos qué hay de verdad detrás de cada uno y por qué se quedaron vacíos.
Ochate (Burgos). El pueblo «maldito» de las tres epidemias
Ochate está en el Condado de Treviño, un territorio burgalés rodeado de tierras alavesas, a unos 33 kilómetros de Miranda de Ebro. Su primera referencia escrita es de 1025, en la Reja de San Millán, donde aparece con el nombre de Gogate.
Siglos después llegó la leyenda:
- La viruela en 1860
- El tifus en 1864
- El cólera en 1870
Todas estas enfermedades habrían golpeado solo a sus vecinos y respetado a los pueblos de alrededor. Se dice que en 1868, el párroco Antonio Villegas desapareció camino de la ermita de Burgondo y nunca más se supo de él. En el verano de 1947, un rayo cayó sobre esa misma ermita y entre los restos se encontró un medallón con una virgen. Más tarde, un testigo, Prudencio Muguruza, aseguró haber visto un fogonazo de luz sobre la ermita, y en los ochenta, la revista Mundo Desconocido publicó la foto de un supuesto ovni.
¿Qué hay de verdad? Pues hay una explicación menos oscura. Ochate se fue apagando cuando la Ruta del Vino y del Pescado dejó de pasar por allí, y quedó despoblado en el siglo XIX. Hoy solo se conservan la torre de su iglesia, dos casas junto a ella y la ermita en lo alto. Además, cada 15 de agosto, los vecinos de San Vicentejo, Aguillo, Ajarte, Imiruri y Uzquiano suben en romería hasta la ermita de Burgondo.

La Mussara (Tarragona). La aldea que se traga la niebla
La Mussara está a 980 metros de altura, sobre los cingles de les Airasses, en el término de Vilaplana. Ya aparece citada en documentos de 1173, y en el siglo XIX llegó a tener más de 200 habitantes. La carretera no llegó hasta el primer tercio del siglo XX, así que los vecinos de ese entonces bajaban al llano por un camino empedrado con animales de carga. La Enciclopèdia Catalana la da por abandonada definitivamente desde 1959. El Ayuntamiento de Vilaplana lo atribuye a la filoxera y a la falta de agua, y otras fuentes añaden las dificultades agrícolas y el aislamiento.
La leyenda de este pueblo se apoya en la niebla. Se cuenta que «la aldea es una puerta dimensional» y que «la niebla funciona como bisagra a otra realidad». El caso más citado es el de Enrique Martínez Ortiz, vecino de Reus, que en 1991 salió a buscar setas con unos amigos, se separó del grupo y nunca apareció. También se ha hablado de una maldición ligada a una aldea de ultratumba, la llamada Vila del Sis.
¿Qué hay de verdad? La espesa niebla desorienta a los senderistas, y esa es la explicación más sencilla de las desapariciones. Las casas están en ruinas, igual que el chalé de les Airasses, que levantó en 1926 el Centre Excursionista de Catalunya. Y hay un detalle curioso: en catalán existe la expresión baixar de la Mussara, que se usa para decir que alguien ignora lo que todo el mundo sabe, esta perdido o es despistado. Y este no es el único lugar donde se intenta salvar una iglesia para frenar el abandono.

Jafra (Barcelona). La niña de la plaza
Jafra está en el macizo del Garraf, dentro del parque natural, entre Castelldefels y Sitges, y pertenece al término de Olivella. Su primera mención escrita es de 1139. En 1332 ya se habla de su castillo. Lleva deshabitada desde los años 60. En 1997 la Diputación de Barcelona la compró para limpiar el entorno y proteger el acceso a la iglesia y las casas vacías.
La leyenda es de la Melinda: según el relato, una familia austríaca con mucho dinero se instaló en una masía cercana y una niña murió cerca del cementerio. Dicen que «su alma no descansa», que a veces cruza la plaza y que al atardecer se oyen lamentos y golpes en una casa. Otra versión sitúa su muerte en el pozo junto a la iglesia. Quienes visitan Jafra, hablan además de psicofonías, voces, detonaciones y sombras.
¿Qué hay de verdad? Lo documentado es una aldea medieval con castillo, barón y alcalde. De Melinda y de la familia austríaca no se ha encontrado ningún documento, y las misas negras en el cementerio carecen de pruebas. El acceso oficial está restringido, aunque hay quien entra igualmente.

La Muedra (Soria). El pueblo que se vació antes de llegar el agua
La Muedra es un pueblo situado en el pantano de la Cuerda del Pozo, el cual se inauguró en septiembre de 1941, aunque su construcción se había aprobado en 1923. En 1936, cerca de un centenar de familias tuvieron que abandonar La Muedra, y cuando se inauguró la presa ya no quedaba nadie. Los descendientes recuerdan sobre todo las detonaciones con las que se derribaban las casas. Los vecinos se instalaron principalmente en Vinuesa, Salduero, Molinos de Duero y El Royo.
Después llegó el relato popular y las leyendas. Se habla de puertas que se abren solas, luces que se encienden y se apagan, voces y campanas. Incluso se cuenta que algunas personas murieron de pena. También hay un guardia civil retirado que dijo haber visto un ovni junto al pantano.
¿Qué hay de verdad? Cuando la sequía lo permite, la torre de la iglesia vuelve a asomar, y uno de sus antiguos vecinos, de 86 años, cuenta que todavía llora cuando va a verla. En agosto de 2024, el Ayuntamiento de Vinuesa restauró el cementerio nuevo, donde se trasladaron los restos del antiguo, y organizó un homenaje a sus últimos vecinos. Es el único de los cuatro pueblos en el que los vecinos no se fueron por su cuenta: los echaron.

Lo que dicen estas historias de la España vaciada
Detrás de cada leyenda hay un motivo muy terrenal, y casi siempre es el mismo. La gente se fue porque quedarse dejó de ser posible. Los relatos llegaron después y llenaron lo que los documentos no cuentan; son historias que pasan de generación en generación, tanto si las crees como si no. Por eso estos cuatro sitios hablan de despoblación, aunque lo hagan con luces, campanas y una niña en la plaza.
Y si te gustan las rarezas, mira los pueblos despoblados que baten récords.
